Sobrevuelan el lecho hadas malignas
extensísimas hadas que me tocan
la frente
extraordinarias sibilas descendiéndose
en negro
y no en la mansedumbre
puse en la noche
un hierro maniatado.
Y no
No fué así.
Fue el desatre
la sábana descompuesta univocamente
fue la luna grande atravesando un cristal
y repercutiendo en ojos, en sirenas.
Fue la nostalgia, el desafio.
La copa llena.
El mueble insospechado.
Fue el recuerdo apostado en un altar.
Dioses agónicos que pedian
mi benevolencia infininita.
Dioses escarlatas
como el sol de medianoche
que me obliga altanero
me impone
me sacrifica y adora al fin.
Dioses
eléctricos que me salvany corro
corro
hasta que en un dormir frágil
me encuentro
jugando con los elfos y las brujas
que tanto he añorado
y l@s que tanto a mi me han favorecido.


me dejas sin palabras
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